25 años de democracia








Miércoles 10 de diciembre 08

Editorial de Mate amargo

 

El más formal de todos los relatos nos
advierte que hoy diez del mes doce, un cuarto de siglo atrás asumía la
presidencia Raúl Ricardo Alfonsín.

Retorno del Estado al uso de derecho
constitucional.

Final de un proceso de intervención armado de
terrorismo de Estado promovido por la inteligencia política intervencionista de
los Estados Unidos y aceptado por una clase cultural dominante y
colaboracionista sin sentido de destino ni identidad propia.

La mal llamada primavera democrática era un
visible otoño cultural tras la muerte y desaparición de treinta mil historias
vinculadas a obras humanas de inéditas creaciones con jóvenes palabras de
gestos colectivos. En los crematorios colectivos, salas de torturas, en los
allanamientos nocturnos donde solo iluminaba la sangre inocente se perdió el
sentido más rebelde de la democracia que aún no pudo cobrar su dimensión de
autenticidad representativa.

El descomunal juicio a las Juntas genocidas de
militares y civiles que promovieron el genocidio social, cultural, económico y
de terror de Estado no se empalmó en el tajo generacional de la generación post
Malvinas. Cara omisión de las clases dirigentes involucradas en la nueva
contienda de otra época política matrizada por el posibilismo limitante en lo
ideológico y épico que requiere una refundación democrática sin temores.

Veinticinco años pasaron con los preceptores
culturales del golpismo económico y cultural dominando escenarios vitales del recambio
político.

Pronto el Nunca Más se congeló como un retrato
vital de la historia argentina que no pudo ser promovido a una nueva dimensión
transformadora del nihilismo político incubado en la producción partidaria, en
valores sustitutivos de una cultura ajena y despojada de sueños y propiedades
nativas. Nuevo planteos militares y la presión de las clases dominantes y
corporaciones económicas; la democracia no les serviría sin dejaban de embolsar
la riqueza que robaron siempre al pueblo.

A lo largo este cuarto de siglo no hubo
democracia económica. La década del noventa representó el terrorismo de Estado
económico de la mano de un demócrata de las oligarquías que no solo le cortaron
las manos a Perón sino que modernizaron la cultura lopezrreguista dentro del PJ
que casualmente aún conserva sobrevivientes de la entrega nacional.

El formal Estado de Derecho arrastró su crisis
de representatividad hasta el 2001 cuando la implosión hacia el régimen de la
alternancia bipartidista se rompe junto al recetario neoliberal. La democracia
parece una ficción cultural que se desvanece cuando el gobierno de Duhalde
asesina a Kostequi y Santillán.

Cómo en aquella lejana Patagonia Trágica y el
genocidio de la heroica peonada rural que no quería miseria ni gringos y recibieron
de gobierno radical a un milico asesino empleados de los inversores ingleses.

Cómo en otra lejanía de la memoria histórica
con la Semana Trágica
y la cacería de los obreros de la metalúrgica Vasena. Eran tiempos den engendro
fascista y la rancia juventud de la burguesía organizada en la Ligas del señorito Carlés
que ayudaba al matadero que dirigia el coronel Ramón Falcón. Y los muertos
rematados en sus cajones rumbo al cementerio por tener orígen obrero, gringo,
de clase, memoria, conventillo, solidaridad apretada en barcos y sueños
humildes rumbo a la patria grande que después fue factoria.

Así funcionó la democracia que queremos no se
muera nunca aunque los pobres mueres sin justicia y la economía sigue
respondiendo a los ricos. Aunque López siga desaparecido y Aldo Rico regresa
reconocido por la democracia al PJ mientras los cumpas peronistas, legítimos
como la ladrillera de Kostequi y Santillán no tengan el lugar que la dignidad
les acredita.

Hay democracia de traidores y oligarcas
globalizados, en democracia hay una ley de medios dictada por el genocida
dictador Jorge Rafael Videla y hay democracia de los monopolios de la
información que no es lo mismo que la información democratizada.

En democracia el aplastamiento de las ideas,
el reduccionismo más brutal de la ética nos permite bailar con sueños ajenos y
sacrificar los sueños reales.

La democracia tiene un límite cuando se
privatiza el conocimiento de la política para sostener el derecho privado a
dictar de qué forma debe ser la condición humana donde la Sociedad Rural se cree la Patria y en el nombre de
los ricos ganadores y nos pobres especuladores que creó el despojo capitalista
se habla de la legitimidad de hacer fortuna sin importar como la mayoría sigue
haciendo miseria.

La democracia está en disputa desde una
debilidad de preceptos y ejecutores populares, a tal punto que nadie se inmuta
cuando se nacionaliza el sistema de reparto de los haberes previsionales y se
defiende a quienes timbraron y confiscaron el dinero de millones de personas.

La democracia guarda sus secretos para la
desigualdad en su régimen representativo camaleónico parlamentario y con las
guardias sindicales de los empresarios que en lugar de bajar sus niveles de
ganancias bajan salarios y puestos de trabajo porque es la lógica de la
democracia capitalista.

Algunos apelan a los pensadores que han
sostenido que la democracia es una invención continua, uno a esta altura de la
vida mejor prefiere decir que debe ser creada desde los fondos oscuros donde
duerme la justicia. Porque la única democracia posible es la que se disputa con
sueños políticos, aquella inquietante categoría de la igualdad y la dignidad de
los pueblos, esa que permite discutir otra existencia humana donde la igualdad
merece ser compartida junto con la justicia plena y el progreso.

Esta democracia de tecnología imparable, de
nuevos relatos dominantes, la democracia sin sentido de la historia no debe
seguir atrápando juventud. Urge movilizar la justicia y los sueños, la voluntad
de cambiar las producciones políticas y discutir solidariamente los nuevos
procederes de la revolución inconclusa.

Un cuarto de siglo no es mucho pero se lleva
puesto a generaciones que nacieron y 
murieron sin el derecho de ser dignos.

Hoy deberíamos pensar en nuevas dimensiones de
los derechos humanos; aquel Nunca Más reproducirlo a los territorios de la
cultura. Nunca Más pensamiento único y ejercitar la creación crítica y
solidaria. Compartir conocimiento y deseo de justicia.

Un Nunca Más que abarque la disputa por un
sindicalismo liberador, medios de comunicación democráticos y pensemos que la
democracia no puede ser la resignación como esperanza de los vencidos. La
democracia debería ser una lucha creadora cada día, por la sociedad liberada,
por la Patria
de los humildes, por la Nación
liberada de la ignorancia, el hambre, y las falsas representaciones políticas.

Viva la democracia que garantice la igualdad
de derechos y no los derechos de aquellos que nos postran en la desigualdad.  

  

 

 

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