Morir en verano no es de buen gusto. Por Omar Lòpez




Morir
en verano no es de buen gusto

Pensaba el ferretero Juan Camaleón Pérez
mientras se calcinaba junto a su mujer, los gemelos que disputaban un baldecito
y la suegra con una baranda a protector solar y chivo viejo, en un metro
cuadrado apropiado en no menor batalla a la ocupación de Irak, en la media
clasista y argentina Bristol.

Vacaciones es igual a desenchufe en la
educación del nativo nacional y por eso mismo Zulma Tesacoelcuero Marrone, el
ladra al dorima para que tire ese diario de mierda que habla de la matanza del
ejército israelí en Gaza. ¡Solo vos agarraste ese diario que regalan los zurdos!
Y el tipo más colorado que el sol doblo en cuatro la hojita y la fue enterrando
en la arena que se mezclaba con la sangre Palestina.

Sangre y arena lava el mediterráneo que viene
sin olas, impávido ante tanta muerte sin sentido. Como en Irak aquí la muerte
solo la justifican los dioses del imperio. Morir en verano es rutina cuando el
sacrificio es parte del sentido existencial.

Y allá anda Cristo lavando sus manos de sangre
en la arena de Gaza donde se ejecutan inocentes.

Bello panorama para cultivar pueblos
obedientes; la niña sin cabeza corre bajo el sol infectado de pólvora. La
viejita sin piernas lee con un ojo los diez mandamientos y ríe sin consuelo. El
padre se despide de su familia con el brazo en alto, arrancado por una esquirla
y colgado a diez metros de la casa astillada por bombas.

Bombas de crema, qué bombón ese culo, traseros
informales grasitas al sol, tetas al aire, que se bambolean con la gracia de
los finados amontonado en la orilla del mar bravo lleno de meones que por
suerte sin sangre en la costa.

Y la tele transmite las vacaciones y
entrevista siete veces al día a Moria Casan con su cara de caballo viejo y sus
tetas de amianto, más importante que la crisis económica mundial ahora
silenciada.

Igual los muertos de Gaza van en blanco y
negro y enfocados de lejos.

Lo desagradable es vencido frente a un lindo
culito bronceado que el señor farmacéutico de Villa Urquiza, Ernesto Telameto Rodríguez
disfruta mientras por el MP400 escucha la entrevista al vicepresidente Cleto
Cobos que debutó con su página en el sitio creado y controlado por la CIA, Facebook.

Las vacaciones tienen ese inmejorable estado
del alma humana argentina.

Igual que la Iglesia que descansa y no
se informa que el ejército de Israel está matando a sus palomas.

Un avemaría basta y sobra piensa Pedro De la Ostia, curita de la Paternal de vacaciones y
echado como una foca en celo en la playa nudista de Pinar de los Yabranes.

Hay temas importantes para renovarse; ver a Mirta
morfando en la playa y hablando las mismas boludeces. Ejercicio recomendado por
los Doctores Cormiyones de la política. Cabeza anoréxica, sobre todo los vagos
y malentretenidos de las villas nacionales que tiene directeve en su rancho y
no fueron a la costa.

Por eso se imprimen menos diarios, porque
todos se informan con Mirta Legrand y Minelli, el cinco y la diez del menemista
hadad.

Porque además cada vez hay más gente que se
olvido como carajo se lee.

El país anda bárbaro y hasta el reciclador
como le dicen ahora, Enrique Cartón Lleno Figueroa, de Soldati, se puede
comprar un autito o una heladera entregando la vieja Siam que era de la suegra
que antes uso Napoleón.

El verano llegó con para correr hacia la nada
o nadar hacia ella sin temor a los tiburones mediáticos.

La guerra en la Franja de Gaza o la
discusión sobre la intervención de la política en el destino de los pueblos
dejarla para cuando se vaya el sol y Mateyko que siempre regresa. Aprovechemos
que el Rally se corren en Argentina entre pobres y atondados, pibes famélicos,
desmontes, mineras que usurpan riqueza como los españoles el oro de los incas y
las revoluciones inconclusas.

Y si estamos curiosos del horóscopo político
del verano, bueno, allá esta la gorda Carrió que se subió a un helicóptero y
casi lo tira abajo.

Es verano, estamos de vacaciones, la muerte de
la humanidad retorcida por los dioses del imperio es un invento de los
izquierdistas.

No hay nada mejor que ver la vida color de
rosa sentado en la arena bonaerense y con la escolta segura de la policía.

Destapar una cerveza, cambiar el pañal de la
nena y enterrarlo cerca de la sombrilla vecina, mirar las minas del prójimo, y
escuchar la música del momento que impuso la propaganda del celular que
auspician actores y periodistas que también te hablan de la ecología y del
cáncer de mama. Está claro, vivir ahora y morir sin enterarse.

 

 

 

 

 

 

 

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